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Horrores del verano

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La historia que sigue

LaprianaLa historia que sigue, es absolutamente verídica, absolutamente cotidiana y absolutamente protagonizada por gente que no sintetizan la mala leche que acumula el cuerpo después de un cabreo normal, de un día normal, de una jornada normal, de un fin de semana normal, en definitiva, después de levantarse y enfrentarte a la normalidad de una vida absolutamente normal. Le ocurrió a una buena amiga y yo estaba presente: fue hace dos años, nos dirigíamos a clase (para acceso a la universidad, mayores de 25) íbamos charlando, con no mucha prisa y nos encontramos con otra amiga (por definirla de alguna manera), nos saludamos, besitos, cuanto tiempo, pues si…varios años, donde vais, estamos estudiando de nuevo… A estas alturas de las salutaciones la cara de la encontradiza, especialmente sus labios y su nariz, se arrugaban como si un olor nauseabundo le impidiese respirar con normalidad, nos empezó a mirar intentando examinar nuestros cerebros, después su mirada se dirigió directamente a nuestros cuerpos, nos hizo un examen exhaustivo desde la cabeza a los pies, creo que yo pasé el examen, o puede que recordase que de adolescentes no solía callarme con nada, la cuestión es que a mi me obvió directamente y fijó toda su atención en mi amiga… que gorda te has puesto ¿no?, así, sin anestesia… con el tipo tan mono que tenias, mi amiga, que es discretísima y jamás hiere a nadie de manera intencionada, frunció el entrecejo, respiró y la miró sin dar crédito a lo que estaba oyendo, la vasija de mala leche que se atrevió a decir lo que jamás puede o debe decirse, jamás, salvo coacción o peligro inminente de perder la vida, permanecía allí plantada, desafiante, mirando como si el comentario hubiese sido sobre el tiempo, la agredida tomo aire, y ella, tan dulce, tan calladita, le soltó… ¡pues anda que tu! (y sin dar tiempo a que la vasija reaccionase) …y el pelo ¿que le ha pasado a tu pelo? ¡Con lo bien que lo llevabas siempre! la otra, que no se esperaba esta reacción, se puso a titubear reconociendo que…bueno, si, yo también estoy mas gorda, y el pelo, bueno, si… Supongo que la bruja, en los últimos años había desarrollado una mala leche infernal y soltaba la que le sobraba según le apetecía, aquel día tuvo su merecido…pero a nosotras nos jodió la tarde y las siguientes tardes de varios años consecutivos, porque aún seguimos lamentando lo que podíamos haberle dicho para que dos años después siguiera rechinando los dientes…como nosotras cada vez que nos acordamos de ella y de su familia… no la hemos vuelto a ver ¡una lastima! Porque mi amiga después de aquella tarde, cambio los estudios por el gimnasio, ahora es menos culta, pero se le ha puesto un tipo que ni la vasija podría ponerle un solo defecto, a ver si hay suerte y se encuentra un día de estos con ella, esa esperanza es la que la mantiene con una desmedida ilusión por la vida y con un brillo especial en sus ojos.