Archivo de la categoría: Costumbres odiosas

Pasta y Perilla

Voy a lanzar un duro reniego contra el archienemigo de los perillontes: La pasta; sobretodo los malditos  espaguetis, ya sean en  salsa carbonara, con tomate,  queso… da igual.  No hay forma limpia ni elegante de comer espaguetis, y si a eso sumamos un buena y poblada perilla, el problema es evidente, la salsa se refriega por cada pelo, impregnándose de su olor.

La impregnación es inevitable, lo que nos lleva al meollo del asunto, después  de comer y lavarte los dientes es cuando te das cuenta:

La perilla te huele a pasta, y ya te puedes lavar con champú de camomila que el olor no se va, lo tienes dentro de tu mente, taladrándote y volviéndote paranoico… solo hay una solución: recortarse la perilla,  lo que mas le duele a un perillonte… pasarán dos meses hasta que vuelva a tener un buen tamaño, un tamaño importante, ese tamaño que da pie a una novia a insistirte diariamente que te la recortes, y casualmente, y sin que te des cuenta, ese día, se cocina pasta… “casualmente” … es el ciclo de la vida perilla

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La cola del supermercado

Se podría suponer que el reniego va de las clásicas jodiendas como “la cola ajena siempre es más rápida” o “el de delante siempre tiene un producto que no aparece en el ordenador y hay que esperar a que lo comprueben” o “ahora que sólo te queda uno por delante, abren la caja de al lado” … no … no es ninguna de esas, es algo que me revienta todavía más, y ocurre siempre, por lo menos, al que esta delante tuya, a la hora de pagar, después de pasar toda la compra, da igual que sea un carrito entero o un solitario botellín de agua, la cajera mira el precio, y el menda, impávido, espera a que ella le diga cuanto es… Y NO ES HASTA ESE MOMENTO! en el que el maldito decide ponerse a buscar la cartera, se toca los bolsillos traseros, rebusca en el bolso/mochila/riñonera, cuando por fin la encuentra, pasa por la tarjeta sanitaria, la del gimnasio, la de marionnaud, la tarjeta de fidelización del puticlub, hasta que llega a la visa.. se la da, y justamente después se produce la siguiente pregunta:

  • ¿tiene la tarjeta del club Carrefour?…
  • si espera que la busque…..

PERO QUE COÑO! que llevas en la cola 15 minutos y hasta el último momento no te decides a sacar el dinero,  que esperas, que a la cajera se le olvide cobrarte, o que la compra te salga a devolver, no sería más sencillo tener localizado el dinero y la tarjeta de antemano para que en cuanto te diga el precio dársela, yo por lo menos lo hago así, y me desquicia estar esperando cinco minutos al de delante buscando el dinero.


Bebés y Mascotas

doriHay dos cosas que me recondenan o recondenaban.

Una: nunca he entendido yo, por qué la gente tiene un montón de fotos de sus hijos cuando eran bebes. Son todas iguales, con décimas de segundo de diferencia y por qué se empeñan en enseñártelas todas. Y ahora con las cámaras digitales se traen el ordenador y te invitan a una sesión fotográfica de un modelo regordete, sonrosado, sin expresión, pues es pequeño. Tu les miras la cara de bobos diciendo ¡ mira, mira esta! Y esta, y esta y esta otra. Y tu ¡ooooh ¡ ¡que guapo! (mentira), ¡ que salao! (más mentira) ¿se parece a su padre? (mentira cochina).

Dos: jamás entendí la tontería tan profunda que debían sufrir las gentes que se dedican a hablarles a sus mascotas como si fueran humanos. Los ves por la calle y son autenticas conversaciones. Yo pensaba, están directamente tontos, ¡anda que a este le daba yo! Y un largo etc de comentarios para mi interior del mismo estilo.

Pues bien, la vida me dio hijos y me vi enseñando las fotos en serie a todas mis amigas y conocidos. Cuando me preguntaban por ellos, yo directamente le sacaba la foto que tenía en mi cartera, en mi móvil, en mi llavero, en mi coche, en mi agenda. Total iba “forrada” de fotos de mis retoños.

Más me ha dado la vida, pues me ha dado una mascota, a la que también hablo como si fuera humano, es mi gato, que yo llamo directamente golfo, pues no para en casa. Me sorprendo echándole broncas, más escandalosas que las que le doy a mi hijo adolescente. Ayer me sorprendí tremendamente en la calle viendo como me miraba un señor con cara de susto, mientras yo le advertía a mi gato de los peligros de la calle y la circulación del tráfico en hora punta.

Creo que ya he aprendido a no decir no, o a no decir “de esta agua no beberé”, pues al final me empacho de ella.


Las vecinas son unas guarras

ivan2No os penséis que esto va en contra de todos los vecinos. ¡NO! Solamente va contra los vecinos/vecinas guarros, que son unos guarros.

Hay vecinos normales, que tienen perrito, lo sacan a pasear, vuelven, cierran la puerta del portal. Estos vecinos tienen niños con bicicletas, las cuales nunca dejan huella. A estos vecinos “normales” no se les nota, cuando manchan algo en el portal lo limpian e incluso tienen un sentido de la estética para/con los demás vecinos respecto con su domicilio.

Pero EXISTEN los vecinos GUARROS, que tienen perrito (se caga y dejan la mierda, ya sea en el portón o en su propio balcón), lo sacan a pasear (y se mea en la farola de abajo), vuelven (comiendo kikos y tirando la bolsa al suelo), y, por supuesto, no cierran la puerta del portal.  Estos vecinos tienen niños con bicicletas marca huellas, que van dejando la huella de la bicicleta por el portal, por el garaje, ¡¡¡¡¡¡POR LA PARED!!!!! GRRHHHHHHHH. A estos vecinos GUARROS sí se les nota, cuando manchan algo en el portal no lo limpian e incluso tienen un sentido de la estética para/con los demás vecinos (y ellos mismos) que roza el chabolismo urbano. 

También existen vecinos brutos, que cuelgan una máquina de aire acondicionado poniendo una canaleta de 3 metros desde la máquina hasta el agujero que han hecho en la pared (la canaleta, por supuesto, del color contrario al de la fachada para que se note más y el agujero de la pared necesitaría de una hormigonera para taparlo).

Después, seguro que a esta gente les ponen un bocadillo de  carne con tomate  con patatas fritas y lo deniegan por que no saben de donde viene la carne, cago en to.


Una de probadores

doriMe encanta salir de compras y ahora en Navidad es casi obligado. Pero todavía, no me explico yo, como a los hombres les encanta acompañar a sus esposas o compañeras para ir a comprar “trapitos” para fin de año.

No hay tienda de moda que se precie, donde no te encuentres a un señor en el pasillo de probadores, haciendo de cambiador de ropa, comentarista de moda, perchero humano, o simple mirón. ¿Se los llevan o van voluntariamente?.

¿Qué pintan allí, como helados, con cara de aburridos y de circunstancia?.Juro que me aseguré de que justamente hoy, había partido de fútbol. A mi sinceramente me intimida y me reniegan, pues en mi trajín de ir y venir me tropiezo con ellos, te miran con cara rara. Y para rara la que tiene ellos.

Unos están para cambiarles las tallas a sus señoras, que todavía no se han enterado que por mucho que te guste la talla 40, hace años que la abandonó. Van como zombis, con la ropa en la mano, en busca de una dependienta que les ayude, perdidos en el mundo incomprensibles de mujeres que como yo tienen el ropero llego de ropa. ¿Para qué más?. Juro aquí que ni yo misma lo entiendo.

Otros, están simplemente de percheros humanos, para que sus señoras les pongan sobre los brazos aquello que no quieren.

Otros están para dar su opinión, se les oye, porque en un probador de señoras no hay secretos. ¡Los pobres! como nos van a decir, que el paso del tiempo y la ley de la gravedad hace estragos en nosotras, para que el enfado nos dure todo el día, después de quemar la visa oro. ¿Como nos van a decir, que ese traje de noche, superguay, no nos queda bien?. ¿Como se van ellos a atrever con semejante “fiera” que se mueve entre “modelito” y “modelito”, con el “cabreo” generalizado de “lo que gusta no me lo puedo poner y lo que me puedo poner no me gusta”?.

Yo, me siento incomoda, porque en alguna ocasión, no habría necesitado vestirme completamente, cremallera de pantalón subida incluida y habría bastado con asomar la cabeza y llamar a la dependienta, para pedir, lo que todas pedimos, una talla más. Si señoras, yo también, confieso que no entiendo bien de tallas, altura, peso y edad, sobretodo a partir de cierta edad. Pero, como están ellos allí, formando parte del decorado, una reniega, reniega y vuelve a renegar y se viste como para una boda.

Por estar, están, ¡hasta en los probadores de ropa interior!, que digo yo, que donde se queda el glamour, si te la vieron antes de enseñársela en casa y en la intimidad.

No he probado yo, a invitar a mi marido, para que amplíe su repertorio de vivencias vitales. A ver si cuela.


Cierren esa puerta.

mamen2Con estos días de frios que nos acompañan se agradace sentarse en un bar a lo calentito con tu cafelito y tostadita muy agustito. Pero hay q tener una precaución a la hora de escoger la mesa y es que no esté cerca de la puerta, por qué? pues porque es cuestión de minutos que entre alguien, deje la puerta abierta y el aire frio de la calle te recorra todo el cuerpo, te levantas y cierras la puerta. Pero es cuestión de nada que vuelva a entrar alguien y vuelva a dejar la puerta abierta, ya como que empieza el café a no estar tan calentito… otro compañero se levanta y cierra la puerta _siempre serán los mismo los que se levantan porque los hay que esperan y no se levantan jamás (ojo que no acuso a nadie jeje). Pues ya para rematar la mala leche entra esa persona que queda la puerta abierta, se para, se vuelve, mira la puerta, te quedas tu mirando … por fin alguien va a cerrarla!!!… pero no!! simplemente la mira se da cuenta que la ha quedado abierta y se largaaaa… mala sangre tiene. Un poquito de educación por favor.

Hay que reconocer una cosa, y es que al final se convierte esto en motivo de distracción pues se hacen apuestas de quien cerrará o no la puerta y se escucha todo tipo de calificativos hacía esas personas que no la cierran. Eso sí con mas frío que en la calle.

Aprendamos todos un poquito de educación y buenas maneras que no cuesta tanto.

Un saludo.


De bares y costumbres

boincboincEs una condición intrínseca al camarero. Todos lo hemos experimentado alguna vez. Es horror lo que me produce cuando voy a desayunar y me encuentro ese bar con 50 mesas y un solo camarero tomando notas, sirviendo desayunos, “limpiando” mesas, recogiendo cafés, vasos y mierdecillas varias dejadas por los clientes.

Uff el momento álgido llega cuando el camarero te retira la amalgama de cosas que hay sobre la mesa, ese cupón de la ONCE, obviamente sin premio, cortado en trozos metido en el té, varios cigarros apagados en los posos del café de el de al lado, restos de los azucarillos por toda la mesa y el tío lo recoge en un momento y saca ese arma mortal la “bayeta”.

Bayetas hay de muchos tipos, pues ese tipo siempre saca la mas asquerosa, la mas mugrienta, parece sacada de la mas sulfurosa, apestosa y húmeda caverna del averno. Le pega dos meneos a la mesa y no creáis que la seca no hombre eso se lo deja a los clientes ¡que así no se aburren mientras esperan el cafelito!.

Esto ocurre en la mayoría de los bares que conozco en ese momento comienzan las reacciones de los compañeros, el que lleva el periódico y lo restriega por la mesa, el otro saca varias servilletas y continua con su entrenamiento de artes marciales “dar cera, pulir cera”, el que se retira diciendo !Dios que asco…!, aunque no te creas, que también hay quien dice ¡anda que no es p’atanto!. También hay otra reacción que aun no llego a comprender totalmente, si hablamos con algún antropólogo seguramente encontrará la respuesta en los orígenes del Homo Sapiens, es esa en la que todos sabemos que la mesa ha sido mojada por esa bayeta pestilente pero siempre hay alguno que tiene que acercar la nariz para ver como huele ¡pues no ves que salen hasta vapores! déjalo no te acerque si quieres conservar mucho tiempo tus cinco sentidos.

Así que yo me declaro anti-bayetas apestosas de bar, si tu bayeta apesta deja mi mesa como está chaval.